Cada día, cientos de miles de millones de células mueren y son reemplazadas dentro de nuestro cuerpo. Mantener ese recambio ordenado resulta esencial para conservarnos saludables.
Un grupo de investigadores descubrió ahora una especie de huella que las células dejan al morir y que ayuda al sistema inmunitario a eliminarlas correctamente.
El hallazgo, publicado en la revista Nature Communications, también muestra que algunos virus pueden aprovechar esas señales para extenderse hacia células sanas cercanas con facilidad.
Hasta ahora, muchos científicos pensaban que la fragmentación de una célula moribunda era un proceso bastante simple y casi aleatorio dentro del organismo humano.
Sin embargo, el nuevo trabajo revela que cada paso sigue un orden preciso y permite que la célula se desarme para ser retirada sin causar problemas.
El equipo estudió la apoptosis, un mecanismo mediante el cual el cuerpo elimina células dañadas, innecesarias o potencialmente peligrosas de forma controlada y segura.
Para observarlo, utilizaron imágenes tridimensionales aceleradas que mostraban distintos tipos de células mientras morían y liberaban pequeños fragmentos hacia su entorno inmediato.
Durante ese proceso identificaron unas partículas desconocidas, formadas al final de la apoptosis, que permanecían justo donde la célula había terminado finalmente de desintegrarse.
Los investigadores llamaron a estas partículas F-ApoEVs. Funcionan como pequeñas señales que indican al sistema inmunitario dónde debe acudir para realizar la limpieza.
Esa limpieza resulta importante porque los restos celulares pueden permanecer en los tejidos, provocar inflamación y favorecer enfermedades autoinmunes si no desaparecen con suficiente rapidez.
En condiciones normales, las defensas reconocen esas partículas, llegan al lugar de la muerte celular y retiran los fragmentos antes de que generen daños importantes.
Pero los científicos encontraron algo inesperado al infectar con influenza células que ya estaban entrando en el proceso programado de muerte celular controlada por el organismo.
El virus escondió algunas de sus partículas dentro de esas señales liberadas por la célula moribunda, como si utilizara el sistema de limpieza para transportarse silenciosamente.
Cuando las defensas recogían los restos, algunas partículas virales terminaban llegando a células vecinas sanas, facilitando una forma de propagación desconocida hasta ahora por los científicos.
Esto significa que una célula puede seguir enviando información incluso después de morir, y esa comunicación puede protegernos o perjudicarnos según la situación concreta.
El descubrimiento ayuda a explicar mejor cómo el organismo mantiene sus tejidos, controla la inflamación y evita que los restos celulares se acumulen innecesariamente con el tiempo.
También podría aportar pistas sobre enfermedades autoinmunes, como el lupus, donde el sistema inmunitario reacciona contra componentes del propio cuerpo y causa inflamación persistente.
A largo plazo, los investigadores esperan diseñar tratamientos que mejoren la retirada de células muertas o impidan que los virus se oculten dentro de estas partículas celulares.
Sin embargo, todavía deben comprobar este mecanismo fuera del laboratorio y entender si otros virus utilizan la misma estrategia para avanzar dentro del organismo humano.
Conocer mejor estas huellas celulares podría permitirnos controlar un proceso cotidiano que ocurre silenciosamente, pero que influye directamente en la salud y la enfermedad humanas.





