En la Antártida, un volcán activo libera gases, ceniza y algo mucho menos esperado: diminutas partículas de oro puro que terminan dispersas sobre la superficie helada.
Ese volcán es el monte Erebus, ubicado en la isla Ross, dentro del mar de Ross. Es el volcán activo más austral conocido del planeta.
Se encuentra a unos mil trescientos cincuenta kilómetros del Polo Sur geográfico y conserva todavía un lago permanente de lava ardiente en su cráter principal.
Entre esos gases, investigadores encontraron cristales microscópicos de oro elemental. No son pepitas ni fragmentos visibles, sino polvo metálico formado por partículas individuales extremadamente pequeñas.
La investigación fue publicada en la revista Geophysical Research Letters. Estimó que Erebus puede emitir alrededor de ochenta gramos de oro hacia la atmósfera antártica cada día.
Parece una cantidad grande, pero está distribuida en motas minúsculas. Los vientos pueden transportarlas hasta aproximadamente mil kilómetros lejos del cráter, en ciertas condiciones atmosféricas.
Por eso, no existe una montaña de oro esperando exploradores. Las partículas quedan mezcladas con nieve, hielo y aire, en una región inmensa y hostil.
El oro tampoco sale de la lava como un líquido brillante. Las temperaturas volcánicas son demasiado bajas para evaporar el metal puro directamente por completo.
Los científicos creen que puede viajar unido a compuestos de cloro o azufre. Esos compuestos se mezclan con los gases que escapan desde el magma.
Al enfriarse durante el ascenso, el oro podría separarse de esos compuestos y cristalizar. Así, terminaría depositado sobre el hielo antártico o también viajaría lejos.
Esa explicación parece razonable, pero presenta una dificultad. El gas contiene cantidades extremadamente bajas de oro y formar cristales perfectos en pleno aire resulta complicado.
Sin embargo, bajo el microscopio electrónico aparecieron partículas con caras angulosas y formas geométricas. Algunas medían cerca de sesenta micras, menos que un cabello humano.
El equipo detectó oro en los gases cerca del cráter, en nieve de la zona y también en muestras de aire antártico tomadas muy lejos.
Otros volcanes también liberan trazas de oro en sus gases, como Kīlauea en Hawái, Etna en Italia, Augustine en Alaska y El Chichón en México.
Pero Erebus sobresale porque sus partículas fueron identificadas como cristales de oro elemental. Esa forma sólida y ordenada no apareció claramente en los otros casos.
Una posibilidad dice que los cristales se forman lentamente sobre una costra ubicada en el lago de lava. Después, los gases ascendentes los arrancan.
Otra idea propone que el oro se condensa directamente desde los gases volcánicos. Ninguna de las dos explicaciones ha resuelto todavía todo el proceso.
La respuesta podría depender de varios factores al mismo tiempo: la química del magma, los gases ricos en cloro, el frío extremo y la geología.
Más de tres décadas después del hallazgo, el mecanismo exacto continúa sin confirmarse. Erebus recuerda que los volcanes conocidos aún pueden esconder procesos inesperados.
El polvo dorado no convertirá la Antártida en una mina. Pero demuestra que la Tierra puede transportar metales preciosos desde sus profundidades hasta la atmósfera.





