En 2002, un terremoto sacudió el centro de Alaska con tanta fuerza que se sintió a miles de kilómetros, incluso en Seattle.
El sismo alcanzó magnitud 7,9 y provocó movimientos que llegaron al estado de Washington. Algunas embarcaciones flotantes sufrieron daños por ondas que permanecían oscilando.
Durante años, los científicos sabían qué falla se rompió, pero no entendían por qué liberó tanta energía. Ahora, una nueva investigación ofrece pistas importantes.
El hallazgo apunta hacia una porción de corteza oceánica enterrada bajo Alaska. Esa estructura podría haber ayudado a preparar el terreno para aquel terremoto histórico.
La zona parece un atasco geológico. Allí chocan, se empujan y se deslizan varias placas tectónicas, enormes bloques rocosos que forman la superficie terrestre.
Una de ellas es la microplaca de Yakutat, que se mete lentamente bajo América del Norte. También participa la placa del Pacífico, aumentando la presión.
Encima de ese choque se encuentra la falla de Denali, una enorme fractura de la corteza. Fue allí donde ocurrió el terremoto que atravesó Alaska.
Para investigar mejor la región, un equipo reunió registros de estaciones sísmicas cercanas. Luego utilizó inteligencia artificial para detectar terremotos pequeños que antes pasaban desapercibidos.
El sistema encontró miles de temblores diminutos escondidos entre los datos. Juntos formaban una línea sorprendentemente recta, como una cicatriz subterránea de doscientos cincuenta kilómetros.
Esa línea seguía el borde de la microplaca de Yakutat. Hasta ahora, los especialistas sabían que esa placa se hundía, pero no podían verla claramente.
También analizaron el ruido sísmico ambiental, esas vibraciones constantes del suelo causadas por océanos, viento y actividad humana. Así lograron reconstruir estructuras profundas con mayor detalle.
Los resultados muestran que la microplaca llega mucho más lejos bajo América del Norte de lo pensado. Incluso se extiende por debajo de la falla de Denali.
Eso cambia la manera de entender este rincón de Alaska. La placa enterrada no sería un elemento lejano, sino una estructura conectada directamente al sistema sísmico.
El estudio fue publicado en la revista The Seismic Record. Sus autores proponen que la presión acumulada por ese choque pudo transmitirse hacia la falla.
Según esta explicación, el borde de la microplaca habría concentrado tensiones debajo de una curva particular de Denali. Esa condición pudo favorecer el inicio del terremoto.
No significa que la placa provocara el sismo por sí sola. Los terremotos nacen por varios factores, y los científicos hablan de una influencia posible.
La investigación también ayuda a explicar los volcanes jóvenes del área. El movimiento de las placas habría modificado el material caliente situado debajo de Alaska.
Cuando una placa se hunde, puede cambiar la circulación de rocas profundas y fluidos. Esos cambios favorecen procesos que, en ciertas condiciones, alimentan volcanes.
Este mapa subterráneo ofrece una imagen mucho más clara de una región compleja. Conocer estas conexiones permite mejorar los modelos sobre futuros terremotos y volcanes.
No permite predecir exactamente cuándo ocurrirá otro gran sismo. Pero revela que los pequeños temblores pueden dibujar estructuras ocultas y explicar catástrofes ocurridas hace décadas.





