Científicos descubren dos extrañas estrellas muertas que desafían las expectativas astronómicas

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Científicos descubren dos extrañas estrellas muertas que desafían las expectativas astronómicas

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A veces basta encontrar dos objetos raros para que los astrónomos empiecen a pensar que están viendo una nueva familia cósmica.

Eso es lo que propone un estudio publicado en Astronomy & Astrophysics, junto con un preprint disponible en arXiv.

Investigadores del Instituto de Ciencia y Tecnología de Austria estudiaron dos restos estelares conocidos como Gandalf y Moon-Sized.

Ambos parecen ser enanas blancas muy extrañas, es decir, restos densos de estrellas que agotaron su combustible.

Nuestro Sol terminará así dentro de unos cinco a ocho mil millones de años, convertido en un objeto compacto del tamaño terrestre.

Normalmente, una enana blanca no debería emitir rayos X fuertes si está sola, sin una estrella compañera cerca.

Cuando una enana blanca forma parte de un sistema binario, puede robar material de su compañera y producir rayos X.

Ese proceso se llama acreción, y suele ser una señal bastante clara de que algo está cayendo sobre el objeto.

Pero Gandalf y Moon-Sized parecen estar aisladas. No se ha encontrado ninguna estrella compañera que explique esas emisiones.

Eso es lo raro: ambas emiten rayos X, giran muy rápido, tienen campos magnéticos intensos y parecen restos de fusiones estelares.

Un resto de fusión se forma cuando dos objetos compactos chocan o se mezclan, dejando un remanente más masivo y extremo.

Gandalf llamó la atención porque al principio parecía tener material alrededor, algo que hacía pensar en un posible sistema binario.

Pero los datos no mostraron ninguna compañera. Además, Gandalf gira sobre sí mismo cada seis minutos, una velocidad difícil de explicar.

Si tuviera una compañera, su rotación debería estar más sincronizada con la órbita, como ocurre entre la Tierra y la Luna.

Los investigadores observaron señales de hidrógeno con una forma de doble pico, parecida a dos orejas de gato.

Normalmente, esa señal indicaría un disco de material alrededor del objeto, pero aquí el patrón cambiaba con la rotación de Gandalf.

Eso llevó al equipo a proponer algo todavía más extraño: una especie de medio anillo de material atrapado por su campo magnético.

Para que eso ocurra, Gandalf tendría que tener un campo magnético muy fuerte y además asimétrico, no repartido de forma pareja.

Esa característica es muy poco común, porque las enanas blancas de edad y etapa similares normalmente no son tan magnéticas.

Moon-Sized, por su parte, ya era famosa porque concentra casi la masa del Sol en un objeto del tamaño aproximado de la Luna.

También gira rápido, tiene un magnetismo extremo, no parece tener compañera y emite rayos X, igual que Gandalf.

Por eso el equipo propone que ambas podrían representar una nueva clase de restos estelares: ultramasivos, magnéticos, rápidos, solitarios y emisores de rayos X.

No son idénticos. Gandalf muestra señales de material alrededor, mientras Moon-Sized no presenta esa misma evidencia.

Gandalf se habría formado hace unos 60 o 70 millones de años, mientras Moon-Sized sería mucho más antiguo.

La fusión que originó Moon-Sized habría ocurrido hace unos 500 millones de años, así que podría ser una versión más evolucionada.

Además, Gandalf emite rayos X unas cien veces más intensos, quizá porque todavía conserva más energía o material disponible.

Los investigadores barajan varias explicaciones. Una posibilidad es que el propio campo magnético arranque material del remanente mientras gira rápidamente.

Otra opción es que quede material de la fusión original, viajando en una órbita alargada y cayendo lentamente durante millones de años.

También consideran que restos de asteroides o cuerpos planetarios destruidos podrían caer sobre estas enanas blancas y producir algunas señales.

Pero ninguna explicación resuelve todo por completo. Por eso necesitan encontrar más objetos parecidos y comparar sus propiedades.

Por ahora, Gandalf y Moon-Sized sugieren que las enanas blancas pueden comportarse de formas mucho más extrañas de lo esperado.