Un estudio publicado en Nature Communications Earth & Environment sugiere que Mercurio, el planeta más pequeño del sistema solar, podría estar mucho más activo de lo esperado.
Durante años se pensó que Mercurio era un mundo geológicamente muerto, frío por dentro y sin nada interesante ocurriendo bajo su superficie abrasada por el Sol.
Sin embargo, unas extrañas líneas brillantes dibujadas sobre cráteres y laderas cuentan una historia muy distinta sobre lo que pasa en ese planeta extremo.
Estas marcas, conocidas como lineae, parecen indicar actividad geológica relativamente reciente, algo sorprendente para un planeta sin atmósfera y muy antiguo.
Hasta hace poco solo se conocían unas cuantas de estas líneas brillantes, pero ahora los científicos han identificado muchas más repartidas por toda la superficie.
El astrónomo Valentin Bickel, de la Universidad de Berna, lideró un análisis mucho más amplio junto a colegas italianos.
El equipo revisó más de cien mil imágenes de alta resolución tomadas entre 2011 y 2015, usando técnicas de aprendizaje automático.
Gracias a ese análisis, lograron catalogar 402 líneas brillantes, lo que permitió observar patrones imposibles de detectar a simple vista.
Uno de los hallazgos más claros es que estas líneas suelen concentrarse en las laderas de cráteres que miran al Sol.
No siempre nacen de depresiones visibles, pero sí parecen asociarse a zonas donde el terreno ha sufrido alteraciones recientes.
En otros planetas, estructuras similares se erosionan rápido, así que su presencia en Mercurio sugiere que todavía se están formando.
Eso implica que no son cicatrices antiguas, sino señales de procesos actuales relacionados con calor interno y materiales volátiles.
Según Bickel, sustancias como el azufre podrían ascender desde capas profundas a través de grietas creadas por impactos antiguos.
Muchas de las líneas parecen partir de depresiones brillantes llamadas hollows, que se cree se forman por liberación de gases desde el subsuelo.
Estos hollows suelen aparecer dentro de grandes cráteres o en sus bordes, justo donde la corteza estaría más fracturada.
Todo apunta a que el interior de Mercurio aún conserva energía suficiente para mover materiales hacia la superficie.
Esto cambia la imagen clásica de Mercurio como un simple pedazo de roca inerte flotando cerca del Sol.
El equipo espera confirmar esta actividad usando nuevas observaciones de misiones de la Agencia Espacial Europea y la JAXA.
Si estas misiones detectan cambios recientes, Mercurio podría convertirse en uno de los casos más inesperados de actividad geológica actual.





