TikTok puso de moda expresiones como rizz, mientras Twitter popularizó doomscroll. Ahora, la nueva fuerza que moldea el lenguaje no es una red social, sino la inteligencia artificial.
Una investigación de la Universidad Estatal de Florida encontró que la IA no solo cambia cómo escribimos, también influye en cómo hablamos.
Filtración léxica
Los investigadores analizaron más de 22 millones de palabras en podcasts espontáneos. Detectaron un aumento de términos que suelen usar los modelos de lenguaje, como significativamente, clave, o tapiz. En cambio, sus sinónimos permanecieron casi sin cambios.
Los expertos llaman a esto “efecto filtración léxica”. A diferencia de la jerga que nace en subculturas o medios masivos, aquí el cambio proviene de un algoritmo, no de personas.
En psicología cognitiva, esto se relaciona con el aprendizaje implícito: frases repetidas quedan grabadas en la memoria. También con el priming, fenómeno que hace más probable usar palabras vistas antes.
En pocos años, el vocabulario favorito de los chatbots saltó de las pantallas a las conversaciones cotidianas. Según el profesor Tom Juzek, “la IA puede estar literalmente poniéndonos palabras en la boca”.
El riesgo, añade, es que este mecanismo no solo modifique vocabulario, también valores y creencias. Eso vuelve la discusión más profunda que un simple tema lingüístico.
El estudio
El equipo de Juzek analizó 1,326 episodios de podcasts de ciencia y tecnología. Compararon la era previa a ChatGPT (2019-2021) con la posterior (2023-2025), generando un corpus de 22 millones de palabras.
Se enfocaron en programas conversacionales, como Lex Fridman, Radiolab y Ologies. Excluyeron charlas o conferencias, pues suelen estar guionadas o incluso asistidas por IA.
Juzek explica que los modelos no nacen con ese sesgo. Aparece después, en la etapa de ajuste según preferencias humanas. Y esas preferencias dependen de evaluadores jóvenes y del costo del proceso.
Un estudio en Alemania halló patrones casi idénticos en YouTube. Eso muestra que el fenómeno no se limita a Estados Unidos ni al inglés, sino que se extiende a otros idiomas.
Las implicaciones son enormes. Si cada empresa de IA ajusta distinto sus modelos, las poblaciones podrían terminar adoptando variaciones sutiles en su manera de hablar.
Expertos temen que esto borre dialectos, modismos regionales y hasta la chispa creativa. Al amplificar un estilo “pulido”, la IA puede inclinar la balanza hacia un lenguaje más uniforme.
Cambio vertiginoso
Aunque la lengua siempre ha evolucionado, ahora lo hace a una velocidad mucho mayor. ChatGPT, Bard o Claude procesan billones de palabras y millones de personas los usan a diario.
Si los algoritmos reducen nuestras opciones de sinónimos, también limitan cómo enmarcamos ideas. El riesgo es un paisaje cultural repetitivo, desfasado de la realidad, sin marcos que premien la originalidad.
Algunos expertos proponen crear nuevos estándares que valoren la diversidad lingüística. Así, los modelos no solo optimizarían por calidad aparente, sino también por variedad expresiva.
Juzek advierte que la IA quizás no sea la única responsable, pues muchas tendencias ya estaban en marcha. Aun así, reconoce que la homogeneización sutil del lenguaje es una amenaza real.





