Un grupo de astrónomos acaba de confirmar el hallazgo de un nuevo objeto interestelar que cruza nuestro Sistema Solar. Es apenas el tercero que vemos, aunque puede haber muchos más.
Lo bautizaron 3I/Atlas y parece ser el más grande detectado hasta ahora. Es un cometa, hecho principalmente de hielo, según los expertos que ya lo están estudiando de cerca.
Jonathan McDowell, del Centro de Astrofísica Harvard-Smithsonian, explicó que su aspecto “borroso” indica que está formado más de hielo que de roca.
Al principio se llamaba A11pl3Z, pero una vez confirmada su procedencia interestelar, recibió un nombre oficial. No representa ningún peligro para nosotros.
Richard Moissl, de la Agencia Espacial Europea, explicó que pasará cerca de Marte, pero no chocará con él. Va rapidísimo, a más de 60 kilómetros por segundo.
Ese ritmo significa que no gira alrededor del Sol como los cometas normales. Viene desde fuera del Sistema Solar y seguirá su camino hacia el espacio profundo.

McDowell cree que estos cometas helados se forman alrededor de estrellas, y luego otro astro cercano los empuja, dejándolos vagar solos por la galaxia.
Este en particular fue detectado por el proyecto ATLAS, financiado por la NASA, en Hawái. Lo vieron el martes. Luego, otros astrónomos revisaron datos antiguos para seguir su ruta.
Lograron rastrear su camino hasta el 14 de junio. Según Moissl, podría medir entre 10 y 20 kilómetros, aunque si es puro hielo, puede ser más chico de lo que parece.
Seguirá acercándose al Sol y brillando más hasta fines de octubre. Aun después, podrá verse con telescopio durante varios meses.
Solo hemos visto dos visitantes interestelares antes: ‘Oumuamua en 2017, y 2I/Borisov en 2019. Este sería el tercero, y viene mucho más rápido que los anteriores.
Mark Norris, de una universidad británica, dijo que está tan lejos como Júpiter, pero lamentó no poder verlo porque solo es visible desde el hemisferio sur.
Añadió que podrían haber hasta 10 000 objetos como este cruzando el Sistema Solar en todo momento. Solo que la mayoría serían más chicos y más difíciles de detectar.
Con el nuevo observatorio Vera C. Rubin en Chile, podríamos empezar a encontrar varios de estos visitantes cada mes, según los cálculos.
Aunque sería genial mandar una nave a interceptarlo, Moissl dijo que eso no es posible con el tiempo y la tecnología que tenemos.
Aun así, cada uno de estos objetos nos da una oportunidad única para estudiar material que viene de otros sistemas estelares.
Norris dijo que si llegáramos a detectar compuestos como aminoácidos en uno de estos cometas, podríamos tener pruebas de que la vida podría surgir en otros lugares del universo.
Fuente: AFP





